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El uso de la raya en los diálogos
Abr 24th, 2010 by Javierpah

Antes de introduciros en las normas correctas del uso del guión, debéis saber que para poner un guión largo en Word hay que pulsar la tecla Alt Gr y sin soltarla pulsar el signo menos del teclado extendido (—), otra forma de hacerlo es pulsar la tecla Ctrl y sin soltarla el signo menos del teclado extendido (Esto os dará un guión un poco más corto que el anterior –). El teclado extendido es el teclado numérico que se encuentra a la derecha en los ordenadores de sobremesa. Los usuarios de portátiles tienen que usar el menú insertar símbolo para introducir el guión.

Os voy a dejar aquí lo que dicen acerca del uso del guión (o como dice la Real Academia la raya ya que se denomina guión al signo menos que separa las palabras).

Diccionario panhispánico de dudas

En textos narrativos, la raya se utiliza para introducir o enmarcar los comentarios y precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes.

No se escribe raya de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje:

—Espero que todo salga bien —dijo Azucena con gesto ilusionado. A la mañana siguiente, Azucena se levantó nerviosa.

Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y esta continúa inmediatamente después:

—Lo principal es sentirse viva —añadió Pilar—. Afortunada o desafortunada, pero viva.

Cuando el comentario o aclaración del narrador va introducido por un verbo de habla (decir, añadir, asegurar, preguntar, exclamar, reponer, etc.), su intervención se inicia en minúscula, aunque venga precedida de un signo de puntuación que tenga valor de punto, como el signo de cierre de interrogación o de exclamación:

—¡Qué le vamos a hacer! —exclamó resignada doña Patro.

Si la intervención del personaje continúa tras las palabras del narrador, el signo de puntuación que corresponda al enunciado interrumpido se debe colocar tras la raya que cierra el inciso del narrador:

—Está bien —dijo Carlos—; lo haré, pero que sea la última vez que me lo pides.

Cuando el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla, las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula:

—No se moleste. —Cerró la puerta y salió de mala gana.

Si tras el comentario del narrador continúa el parlamento del personaje, el punto que marca el fin del inciso narrativo se escribe tras la raya de cierre:

—¿Puedo irme ya? —Se puso en pie con gesto decidido—. No hace falta que me acompañe. Conozco el camino.

Si el signo de puntuación que hay que poner tras el inciso del narrador son los dos puntos, estos se escriben también tras la raya de cierre:

—Anoche estuve en una fiesta —me confesó, y añadió—: Conocí a personas muy interesantes.

(Diccionario panhispánico de dudas, 1.ª edición, 2005)

Taller Literario Axxón
http://axxon.com.ar/t-guionado.htm

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Guiones de diálogo

1. El guión largo (—) sirve generalmente para indicar tanto las intervenciones o parlamentos de los personajes (guiones de diálogo) como los incisos del narrador. En el primer caso, el guión va pegado a la inicial de la palabra con la que comienza el parlamento, con la sangría de la primera línea del párrafo (es decir, texto «entrado»). En el segundo caso, va precedido de un espacio cuando comienza el inciso, y seguido de espacio cuando termina (este último guión sólo se emplea cuando el inciso está dentro del parlamento; cuando está situado al final nunca debe cerrarse: véase, más adelante, el punto 1.9). Estos diez ejemplos recogen sus usos más frecuentes:

—He descubierto que tengo cabeza y estoy empezando a leer. [1]

—Oh, gracias. Muchas gracias por sus palabras —murmuró Jacqueline. [2]

—Somos muchos de familia —terció Agostino— y trabajamos todos. [3]

—Seguro que, a la larga —replicó Carlota con decisión—, todo se arreglará. [4]

—¡Sophie, vuelve! —insistía Stingo—. He de hablar contigo ahora mismo. [5]

—¿Y tú qué entiendes de eso? —saltó Stephen—. No has leído un verso en tu vida. [6]

—Con lo que me hubiera gustado escribir… —susurró—. Poesía. Ensayo. Una buena novela. [7]

—Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos —se levantó, al tiempo que se miraba las manos—. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura. [8]

—Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos. —Se levantó, al tiempo que se miraba las manos—. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura. [8 bis]

—Sí, amigo mío, me asombra tu valentía —dijo ella con aplomo. Y tras una breve pausa, añadió—: Admiro de veras tu sangre fría. [9]

—Ya sé en qué está pensando —dijo la propietaria—: en el color rojo. Todos hacen lo mismo. [10]

Comentemos brevemente, punto por punto, estos ejemplos.

1.1. El caso más sencillo es el primero. Adviértase simplemente que el guión de arranque de diálogo va pegado a la primera palabra del parlamento. Sería un error indicarlo así:

— He descubierto que tengo cabeza y estoy empezando a leer.

1.2. Como se ve en el segundo ejemplo, el guión de cierre se considera superfluo —y por tanto se elimina— cuando el párrafo termina con un inciso del narrador. Es incorrecto indicarlo así:

—Oh, gracias. muchas gracias por sus palabras —murmuró Jacqueline—.

1.3. En el tercer ejemplo, obsérvese que los guiones que encierran el inciso del narrador van pegados a éste, no separados de él; pero adviértase que tampoco van pegados al parlamento del personaje. Así pues, sería erróneo indicarlo de estas dos maneras:

—Somos muchos de familia — terció Agostino — y trabajamos todos.

—Somos muchos de familia—terció Agostino—y trabajamos todos.

1.4. En el cuarto ejemplo, la coma que va después de la palabra «larga» debe ir después del inciso, nunca antes. O sea, no debe indicarse así:

—Seguro que, a la larga, —replicó Carlota con decisión— todo se arreglará.

1.5, 1.6, 1.7. En los ejemplos quinto, sexto y séptimo puede observarse que figura un punto de cierre después del inciso del narrador, aun cuando el parlamento del personaje previo al inciso lleve signos de exclamación, de interrogación o puntos suspensivos (signos que, en realidad, no tienen función de cierre propiamente dicha). Por consiguiente, estos diálogos no deberían indicarse así:

—¡Sophie, vuelve! —insistía Stingo— He de hablar contigo ahora mismo.

—¿Y tú qué entiendes de eso?—saltó Stephen— No has leído un verso en tu vida.

—Con lo que me hubiera gustado escribir… —susurró— Poesía. Ensayo. Una buena novela.

1.8. En la primera variante del ejemplo octavo [8] vemos que antes del inciso del narrador no figura punto. Puede justificarse esta elección aduciendo que, si bien el inciso no tiene relación directa con el diálogo, se considera implícito un verbo dicendi, como decir, afirmar, añadir, preguntar, insistir, terciar, etc. («—dijo y se levantó», «—dijo levantándose», «—dijo y, acto seguido, se levantó”, etc.).

Pero si se considera que el inicio no tiene relación directa con el parlamento anterior, el diálogo puede disponerse tal como se indicaba en el ejemplo [8 bis]. Obsérvese, en el ejemplo que ofrecemos a continuación, que ponemos punto después de “lejos” y que el inciso del narrador comienza con mayúscula.

—Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos. —Se levantó, al tiempo que se miraba las manos—. Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura.

En cualquier caso, en lo que respecta al guión de cierre del inciso, no debe marcarse con el punto antes del guión, como en este ejemplo (que es, por tanto, erróneo):

—Esto no puede continuar así. La cosa ha ido demasiado lejos. —Se levantó, al tiempo que se miraba las manos.— Tengo que sobreponerme, acabar con esta locura.

1.9, 1.10. También en los ejemplos noveno y décimo hay una marcada tendencia a la unificación, en el sentido de que los dos puntos suelen figurar después del guión que cierra el inciso del narrador. Conforme a este criterio —que también tiene la virtud de la simplicidad—, se pasa por alto esta distinción: en el noveno ejemplo, los dos puntos pertenecen al inciso del narrador, mientras que en el décimo forman parte del parlamento del personaje; ello se ve claramente si suprimimos los incisos:

—Sí, amigo mío, me asombra tu valentía. Admiro de veras tu sangre fría.

—Ya sé en qué está pensando: en el color rojo. Todos hacen lo mismo.

2. Cuando la intervención de un personaje se dispone en varios párrafos a causa de su extensión, a partir del segundo párrafo no hay que usar guiones sino sólo comillas de seguir que —conviene insistir en ello— no deben cerrarse al final.

—Sí. Porque no me lo había planteado antes. No había querido hacerlo. Los detalles adquirieron entonces una increíble importancia. Me aturdía encontrarme otra vez en Nueva York, sinceramente. Me sentía como una extraña, como si aquella no fuera mi ciudad.
»Cuando llegamos a Hamond Hill estaban todos allí en la sala. Y la misma ansiedad que había sentido antes se repitió en aquellos momentos con mis hermanos y mi hermana. No me cansaba de mirarlos. Los veía también como unos extraños, como si no fueran de mi misma carne…
»Y recuerda lo que te digo. Me has pedido que te lo cuente y eso es lo que estoy haciendo. Nos reunimos con los demás y hablamos con papá y mamá, que habían organizado la reunión como si se tratara de un congreso. Lo único que faltaba eran tarjetas en las solapas.

2.1. También usaremos este tipo de comillas siempre que un diálogo aparezca dentro de otro diálogo, pero en este caso, después de las comillas (que tampoco se cerrarán) sí debe ir el guión correspondiente.

—La historia de Arturo y Raquel sería incluso divertida si no fuera tan trágica. Hacían una sola comida al día, hasta que a él se le ocurrió la idea. Y recuerdo perfectamente —seguía explicando Jacques— la conversación que tuvieron:
»—Deja de quejarte —le dijo él—. Ya sé cómo podemos comer.
»—¿Cómo? —preguntó ella, atónita.
»—Muy sencillo —contestó él—. Ve a la Maternidad y les dices que estás embarazada. Te darán comida y no te preguntarán nada.
»—¡Pero yo no estoy embarazada! —chilló ella.
»—¿Y qué? —repuso él—. Basta con una almohada o dos. Es nuestra última oportunidad y no podemos dejarla escapar.

Obsérvese que los incisos de los personajes cuya conversación transcribe Jacques van también con guiones, en vez de abrir y cerrar comillas cada vez. En estos casos puede sacrificarse la normativa a la superior claridad expositiva, puesto que el riesgo de confusión es mínimo (véase el punto 3). Creemos que esta disposición resulta más sencilla que la que figura a continuación, hecha a base de comillas latinas e inglesas, en la que llegan a acumularse nada menos que tres signos de puntuación (,”¿):

»”Deja ya de quejarte”, dijo él. “Ya sé cómo podemos comer.”

»”¿Como?”, preguntó ella, atónita.

Y ello por no hablar de las dudas sobre si la coma del primer parlamento debe ir antes o después de las comillas, en caso de que quisiéramos unificarlo con la segunda parte del parlamento, que termina con punto y comillas («Deja ya de quejarte,» dijo él).

3. En los diálogos, los incisos que correspondan al personaje que está hablando han de ir entre paréntesis, no entre guiones, porque podrían confundirse con un inciso del narrador (el segundo ejemplo muestra la manera incorrecta de marcarlos):

—Aquella noche soñé (o al menos eso creo recordar) que Teresa y tú paseabais por la orilla del lago —confesó inquieto Miguel.

—Aquella noche soñé —o al menos eso creo recordar— que Teresa y tú…

4. Es posible que un diálogo empiece con puntos suspensivos y con inicial minúscula. Ello ocurre cuando un personaje retoma una conversación interrumpida por el parlamento de otro personaje. Adviértase, en el tercer ejemplo, que los puntos suspensivos van pegados al guión, y por tanto separados de la primera palabra del diálogo (“y”):

—Depende de cómo se interpreten sus palabras —dijo insegura la señorita Fischer—. Quiero decir que cuando una muchacha no puede acercarle la mantequilla a un hombre sin ruborizarse hasta las orejas…
—Comprendo perfectamente su turbación —cortó con aspereza la señorita Pearl.
—… y cuando le da las gracias y luego le pregunta si quiere una galleta como si él fuera el médico de la familia… No sé si entiende lo que quiero decir.

5. Es un error inadmisible usar, a lo largo de una obra de narrativa, comillas de apertura y de cierre —que aparecen sistemáticamente en obras anglosajonas, alemanas y con frecuencia, aunque no siempre, en las italianas— en vez de guiones. Las comillas deben reservarse para los diálogos sueltos que aparecen dentro de una descripción larga del narrador.

5.1. Si al uso de comillas en vez de guiones se le suma una excesiva fidelidad tipográfica al original, el resultado puede ser teóricamente injustificable y contrario a toda normativa (véase, en el ejemplo siguiente, la curiosa manera (errónea) de introducir los verbos dicendi, que aparecen en minúscula aunque vayan precedidos de punto). El fragmento que ofrecemos está tomado de la última versión castellana —la mejor, literariamente hablando— de la novela de William Faulkner El ruido y la furia (1987):

“Hace demasiado frío”. dijo Versh. «No irá usted a salir”.

«Qué sucede ahora». dijo Madre.

«Que quiere salir”. dijo Versh.

«Que salga». dijo el tío Maury.

«Hace demasiado frío». dijo Madre. «Es mejor que se quede dentro. Benjamin. Vamos. Cállate».

5.2. Tampoco debe .seguirse la disposición que suele aparecer en obras francesas, una curiosa mezcla de comillas, comas y guiones: el primer parlamento se inicia con comillas, en los sucesivos se usan guiones y el diálogo vuelve a cerrarse generalmente con comillas:

«Je n’ai pas envie de te voir comme une étrangère.

—Tu aimes mieux ne pas me voir du tout?, insistai-je.

—Mettons que ce soit ça», dit-il séchement.

6. Al contrario de lo que ocurre con frecuencia en obras anglosajonas e italianas, los diálogos en narrativa irán habitualmente en punto y aparte (excepto, claro está, cuando sean breves y vayan dentro de un párrafo que es preferible no dividir; véase el punto 5). Adviértase —y esta regla debe seguirse sin fisuras— que las comillas que aparecen en los diálogos del original se sustituyen sistemáticamente por guiones, como ya hemos dicho.

Este es el original inglés:

For herself, Jane wanted to find out diplomatically, before asking straight out, whether the blue suit was here or whether it had gone off too. «I thought I saw John,» she said. «Dashing out of the Post Office. What was he wearing?» «A raincoat,» said Martha. «And that good-looking blue suit?» persisted Jane. «Why, yes, I think so”, said Martha. «Yes, he was,» she added, more positively. Jane caught her breath. «How long is he going to he gone?» «Just today,» said Martha. ~He has to see somebody for dinner. He’ll be back late tonight. «Oh,» said Jane.

Y ésta la versión castellana:

Jane quería descubrir con diplomacia, sin preguntarlo directamente, si el traje azul estaba allí o si también había desaparecido.
—Me parece que he visto a John —dijo— cuando salía de Correos. ¿Qué era lo que llevaba puesto? [1]
—Un impermeable —dijo Martha.
—¿Y aquel hermoso traje azul? —insistió Jane.
—Pues, sí, creo que sí —respondió Martha, y luego añadió con seguridad—: Sí, lo llevaba. [2]
Jane contuvo el aliento: [3]
—¿Cuánto tiempo estará fuera?
—Sólo hoy —dijo Martha—. Tiene que cenar con alguien. Llegará esta noche, tarde.
—Ah —repuso Jane.

Véanse, en los párrafos marcados con [1], [2] y [3], las libertades que en lo relativo a la puntuación se toma el traductor (buen conocedor del tema, por cierto). Su versión es indudablemente más fluida que una puntuación demasiado fiel al original inglés, como ésta:

—Me parece que he visto a John —dijo—. Cuando salía de Correos.
—Pues sí, creo que sí —dijo Martha—. Sí, lo llevaba —añadió luego con seguridad.
Jane contuvo el aliento.

Obsérvese que en el párrafo [1] se elimina un punto y la frase gana en fluidez; en el [2] se unifican en un solo inciso las dos intervenciones de Martha; y en el [3] se sustituye el punto de cierre por dos puntos, para aclarar qué personaje habla.

6.1. Salvo casos excepcionales, la norma del punto 6 debe seguirse con rigor cuando son varios los personajes que hablan: poner los diálogos uno tras otro, aunque sea con guiones, resulta confuso y complica innecesariamente la lectura. Véase este ejemplo, perteneciente a la novela El grupo, de Mary McCarthy (1966):

Libby se puso exageradamente pensativa. Se llevó un dedo a la frente. —Creo que sí —afirmó, asintiendo tres veces—. ¿Pensáis realmente…? —empezó con presteza. Lakey hizo señales a un taxi con la mano. —Kay dejó al primo en la sombra, con la esperanza de que alguna de nosotras le proporcionara algo mejor. —¡Lakey! —murmuró Dottie, moviendo con reproche la cabeza. —Caramba, Lakey —dijo con risa de falsete Libby—; sólo a ti se te ocurren estas cosas.

6.2. El punto y aparte también suele usarse en aquellos casos en que el inciso del narrador empieza con un verbo dicendi y continúa, después de punto, con un texto de extensión considerable (por ejemplo, una descripción sobre las características del personaje que habla, una puntualización sobre el lugar donde se desarrolla la acción o precisiones de diversa naturaleza). Véase el ejemplo:

—Todo está bien —dijo Arturo.
Iba vestido con una camiseta y pantalones cortos de deporte, y llevaba sandalias de jardín. Vestido de esta manera, fascinó aún más al agente con el que se había encontrado en junio, el día que alquiló la casa. Arturo le parecía misterioso y fuerte. Su rostro le traía al pensamiento sal, viento, mujeres extranjeras, soledad y sol.

Por último me gustaría citar un artículo de Tex y tipografía
http://www.tex-tipografia.com/raya_guion_menos.html

Raya, guión y menos
Tres signos que se confunden a menudo

Estos tres signos (guión, raya y menos) son tan similares que a menudo se confunden, hasta el punto de que no es raro que a todos se los llame guiones. Pero hagamos un poco de historia.

Si retrocedemos medio siglo veremos que en las cajas españolas había sólo dos signos de la familia: raya y guión. A la raya también se la llamaba menos, sobre todo por los tipógrafos, porque estaba diseñada de forma coherente con el más (+) para que pudiera cumplir esa función matemática.

Llegan los sistemas electrónicos y aparece lo que los ingleses llaman en dash y que en español no se había usado. Por tanto era necesario encontrarle un nombre y por ello se ha propueso reasignar menos. Sin embargo, ese nombre es incorrecto porque también ha aparecido otro signo cuyo diseño corresponde al del más y que es más propiamente el menos. Por esa razón y porque suele ser la mitad de la raya, yo la llamo semirraya (otro nombre es raya menor).

La figura de ejemplo muestra los cuatro símbolos en la fuente Palatino. En ella se ve que el guión y la raya, a pesar de su similitud superficial, siguen patrones de diseño bien distintos: el guión es algo más grueso y, este caso, tiene los extremos inclinados, mientras que el menos es algo más elevado para que se combine mejor con las cifras y siempre tiene un diseño muy sencillo (en otras fuentes es incluso algo más largo que la semirraya). Aquí se ve claramente lo inapropiado de tratar todos estos signos como simples variantes del guión. (Naturalmente, otras fuentes tienen diseños distintos.)

La raya suele indicar separación: en las intervenciones en los dialogos, para incisos que no tienen mucha conexión con el contexto, para introducir un nuevo elemento en una lista, etc. También reemplaza en ocasiones a una palabra o grupo de palabras que no se quieren repetir.

El guión, en cambio, suele implicar unión: de palabras (científico-técnico), en elementos de palabras (intra-, -ado), a final de reglón para indicar que la palabra continúa en la siguiente línea, en intervalos de cifras (18-24), etc.

El menos es un signo matemático para la resta o en los números negativos.

Y finalmente, tenemos la semirraya, que en español no se había empleado pero que ahora se ve en ocasiones como reemplazo de la raya en medidas cortas, aunque tal uso sea discutible. Es frecuente que, por tener un tamaño intermedio entre el guión y la raya, se confunda con el menos, pero se trata de signos distintos.

Roman Jakobson
Ene 10th, 2010 by Javierpah

Quiero hacer referencia a un poeta Ruso que estudio la lingüística y que desarrolló la famosa caja de comunicación de la que J. Margarit hace referencia en sus Nuevas Cartas a un joven poeta. Creo que es importante conocer su teoría porque además nos aporta las diferencias entre épica, lirica y dramática, yo creo que bastante necesarias para hacer crítica literaria en la poesía.

Jakobson_Roman 

Nacido en Moscú, e interesado de muy joven por la poesía (tuvo

un gran profesor en la secundaria), Jakobson inició en esa capital estudios de lenguas orientales y estudió en su Universidad. En su etapa juvenil conoció el auge del gran simbolismo ruso (Blok, Biely) y de los poetas vanguardistas (Jlebnikov, entre otros).

En 1914, con sólo 18 años, impulsó la creación del Círculo Lingüístico de Moscú, cuya primera reunión se celebró al año siguiente. Ya entonces se ocupaba de cuestiones de poética, dentro del movimiento conocido como Formalismo ruso, e iniciaba su larga relación con el fonólogo Trubetzkoy. Se trasladó a Praga en 1920 y allí contribuyó a fundar y animar el influyente Círculo Lingüístico de Praga, aunque enseña en la universidad de Brno. Defendió su tesis doctoral en Praga en 1930 pero la invasión nazi de Checoslovaquia le obligará a abandonar la ciudad, a causa de su origen judío, en 1939.

Enseñó a continuación en Copenhague, Oslo y Uppsala. La invasión nazi de Noruega y la amenaza de invasión de Suecia le obligaron a emigrar de nuevo, esta vez a Estados Unidos en 1941. Allí fundó el Círculo Lingüístico de Nueva York. Enseñó en Columbia, Harvard y en el MIT. En la ciudad de acogida tuvo ocasión de tratar a Claude Lévi-Strauss, entonces exiliado, y de influir en sus planteamientos estructurales de la antropología, de suerte que, más adelante, Jakobson fue reivindicado y sus libros bien difundidos en Francia, desde donde llegaron a España, entre otros países

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Una web llamada poesía eres tú
Ene 10th, 2009 by Javierpah

Muchas veces me han preguntado los autores como empecé esta aventura editorial y casi nunca termino de contarla. Así que os la cuento.

Me gusta mucho la informática, siempre me ha mantenido entretenido en los ratos libres y ha sido de gran ayuda en mi trabajo de asesoría fiscal. Un día estaba instalando un gestor de contenido (php-nuke hoy abandonado por sus creadores) y me apetecía crear una comunidad donde la gente participase, había observado lo vivas que estaban las páginas web de poesía y después de hacer una lista de posibles dominios se me ocurrió con la aprobación de un amigo crear www.poesiaerestu.com (actualmente esa comunidad sigue viva y se llama Nosotros, los poetas) el nombre nos pareció adecuado porque le estábamos diciendo al público “entra tu formas parte de esto). Era el año 2003 y casi nada funcionaba en la comunidad, pasaron muchos días y nadie entraba a escribir, al final con ayuda de algunos conocidos y algunos autores conseguimos empezar a dar vida a poesía eres tú. En nuestros primeros pasos nos acompañaron María Luisa Blanco (Hoy directora de nosotros, los poetas), Ambar, Dany, Pequeruiz y otros muchos autores que daban sus primeros pasos en la poesía y que hoy siento una nostalgia intensa al recordarlos. En tres años conseguimos mas de mil autores que habian dejado sus escritos en poesía eres tú. Conservamos todo lo que dejaron y hemos pasamos por auténticos apuros con los ataques de los hackers (La mayoría niños que se sabían cuatro códigos que hacían vulnerable nuestro php-nuke). El 2006 había reunido suficiente material como poeta como para publicar mi primera obra, se trataba de “Reviéntate Mundo”, intente encontrar editor, era consciente de lo difícil que resultaba apostar por una obra de un autor que empezaba, mi idea era hacer un libro para mis amigos y que pudiese tener algún punto de apoyo a través de alguna librería. Me resulto casi imposible, sólo encontré un editor que intuyese que detrás de aquella obra había mucho más escondido y aunque Reviéntate Mundo era sólo un ejercicio poético muy tierno para ver la luz encerraba tras de sí muchas ganas de seguir adelante. Nunca sabré como agradecer a ese editor la confianza que en ese momento deposito en mi, ese editor es uno de los que yo considero grandes de la edición poética, se trata de mi amigo Pablo Méndez (Grupo editorial Vitruvio)al que tanto admiro. Cuando encontré a Pablo, ya había empezado a escribir “Ese rostro casi violento” y empezaba a no convencerme ese ejercicio de primeros poemas que fue “Reviéntate Mundo”, así que decidí auto-editar la obra. Ninguna experiencia en edición pero sabía que contaba con una comunidad detrás que por aquel entonces contaba con mil usuarios registrados. Nunca olvidaré la sensación de tener “Reviéntate Mundo” en mis manos, ni la acogida calurosa que tuve el día de la presentación en el Covent Garden. Sabía que tenía fallos de edición, que no era una obra muy elaborada, pero por fin le estaba diciendo al mundo que reventase, que esto si me importaba. Desde aquel día no me he conseguido quitar la sensación de vértigo, encontrar distribuidora fue una odisea y casi me acostumbro a que me den con la puerta en las narices. Aún hoy muchas veces pienso que tenía que haber publicado con Pablo Méndez. La gente que se dedicaba al mundo del libro me decía “No sabes dónde te metes”. No hemos cumplido aún nuestro cuarto año de edición y hoy el sello editorial poesía eres tú, está acompañada de Ediciones Amaniel y Ediciones Rilke las tres forman parte del Grupo editorial Perez-Ayala, hemos sido socios fundadores de la asociación de editores de poesía y mantenemos aún la esperanza de que algún día el mundo reventará y la poesía dejará un arte minoritario que ya practica esa inmensa minoría. (¿No sentirías tu también vértigo?)

Agentes Literarios
Nov 15th, 2008 by Javierpah

AGENTES LITERARIOS (ESPAÑA)

Abiali Afidi S.L.
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C/ Lince nº 4
28707 San Sebastián de los Reyes (Madrid)
Tel: 616 36 82 08
Fax: +34 91 388 47 57
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Laure Merle d’Aubigné
Elizabeth Atkins
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Tel: 91 3692061
Fax: 91 3692052
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(no aceptan originales no solicitados)

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Arabella Siles
Miguel Hernández, 42
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